Sin Palabras - Yoa666


- ¿ Cómo has llegado aquí ? - Preguntó con curiosidad. Me quedé en silencio, sin saber qué responder - Una niña como tú no debería poder comunicarse conmigo - Parece hablar más consigo mismo que conmigo.

Extendió su mano, cubierta por un guante de cuero, pero antes de que pudiera rozarme... todo mi alrededor volvió a la normalidad. Miré a Garret; me miraba extrañado mientras sujetaba el collar frente a mí.

*©Prohibida su copia total, parcial o cualquier tipo de adaptación*


Caminé junto a mi abuelo, Garret, por el verde césped recién mojado por la fina lluvia que caía sobre nosotros. Para estar chispeando e ir en vestido, era agradable el tiempo. Cuando la lluvia se intensificó, mi abuelo abrió su paraguas negro sin soltar mi mano en ningún momento.
Había muchas personas a nuestro alrededor, pero prefería mirar mis zapatos, azul oscuro, a juego con mi vestido. Algunas personas se acercaban a nosotros, pero no prestaba atención a lo que decían, solo miraba a mi alrededor viendo a completos desconocidos andar de aquí para allá.
-
¿ Quieres acercarte ? - Lo miré, viendo sus ojos idénticos a los míos, uno azul y uno verde. Negué agachando la cabeza -
Está bien... - Acarició mi mano con su dedo pulgar volviendo a mirar al frente.
Miré a mi izquierda, viendo a una mujer observando a las personas que se encontraban reunidas. Me miró; una sonrisa dulce adornó sus labios, seguido de un saludo con la mano. Levanté la mano algo avergonzada, antes de que se diera la vuelta y se marchará.
-
Hola - Un hombre uniformado se acercó a nosotros con las manos a la espalda -
¿ Eres
Agnes
? - Asentí algo insegura -
Soy Murray - Se presentó con una sonrisa dulce -
Te quería regalar una cosa, de parte del cuartel de policía - Miré a mi abuelo, quien se encogió de hombros.
Se puso de cuclillas frente a mí, aún con las manos a la espalda, pero no tardó en mostrarme lo que llevaba. Sonreí al ver un peluche de un perro negro vestido como los policías. Incluyendo una gorra que ocultaba una de sus orejas. Lo acepté cogiéndolo con mi mano libre.
-
Espero que nos llevemos bien - Dijo mostrándome la mano para que la chocará. Solté a mi abuelo y choqué los cinco con él -
Luego nos vemos - Se incorporó antes de volver con su grupo a paso rápido.
De nuevo, una persona se nos acercó, era otro hombre, con la ropa descuidada y el pelo revuelto. Retrocedí un paso algo asustada, ocultándome tras mi abuelo, quien no parecía sorprendido.
-
Ayuda... - Pidió con la voz ronca y rasposa.
Siguió su camino ignorándonos por completo. Tomé la mano de Garret con nerviosismo y miré a todas las personas que se reunían a unos metros de nosotros. Observé al hombre que deambulaba entre las personas, como si estuviera perdido y buscando a alguien, pero nadie parecía poder verlo. Al igual que a otras tantas personas que intentaban llamar la atención de la gente, pero parecían invisibles.
-
Solo nosotros podemos verlos - Me explicó Garret con una sonrisa. Lo miré sorprendida -
Mira quienes han venido a verte - Miré hacia donde lo hacia él, viendo a mis padres con una sonrisa amplia y vestidos con sus uniformes de policía.
-
Papá - Saludó mi madre acercándose a nosotros antes de que se pusiera de cuclillas frente a mí -
Estás muy guapa - Sonreí al escuchar eso -
Quiero pedirte una cosa, ¿ puedo confiar en tí ? - Asentí levemente -
Papá y yo tendremos que ausentarnos por un tiempo, pero quiero que cuides del abuelo en nuestra ausencia - Miré a mi padre, quien miraba a mi abuelo con sorpresa.
-
Los dos estaremos bien, y no es un adiós, es un hasta luego - Sonrió -
¿ verdad ? - Me miró; asentí aún sin entender a lo que se refería.
Mi madre y mi padre se acercaron a mí, envolviéndome en la calidez de su abrazo. Cerré los ojos disfrutando del momento, y para cuando abrí los ojos, ya se alejaban de mi, acercándose a sus compañeros de trabajo. Apreté la mano de mi abuelo con toda la fuerza que podía tener una niña de 6 años.
-
Los volverás a ver, no te preocupes... - Dijo muy seguro de sus palabras -
Pero me gustaría explicarte una cosa... - Me miró de frente soltándome la mano -
Nunca debes exponerte ante el resto. Es muy peligroso que este poder salga a la luz, porque entonces los vivos querrán
utilizarte
para estudiar el más allá - Señaló al hombre que se nos había acercado antes -
Pero tampoco debes confiar en ellos - Me miró de vuelta -
Pueden tener malas intenciones, a veces es mejor no hablar e ignorar - Posó su dedo índice sobre sus labios -
Será un secreto entre tú y yo,
Agnes.
Nadie debe saber esto, nunca.
Miré a las personas, intentando descubrir quién eran las buenas, y quién las malas, pero se me hacía imposible. Un colgante apareció frente a mí, uno muy colorido y parecido a una libélula. Lo toqué, haciendo que mi alrededor desapareciera y sólo me quedara en mitad de la oscuridad. Alguien apareció frente a mí completamente vestido de negro, su capucha evitaba que le viera el rostro, pero sabía que me estaba mirando.
Se acercó hasta quedar a un paso de mí, descubriendo que era muy alto. Se agachó; quedando de frente, pero aún así era imposible visualizar su rostro por la oscuridad. Tal vez, ni si quiera podría verme tampoco con exactitud.
-
¿ Cómo has llegado hasta aquí ? - Preguntó con curiosidad. Me quedé en silencio, sin saber qué responder -
Una niña como tú no debería poder comunicarse conmigo - Habló para sí mismo.
Extendió su mano, cubierta por un guante de cuero, pero antes de que pudiera rozarme... todo mi alrededor volvió a la normalidad. Miré a Garret; me miraba extrañado mientras sujetaba el collar frente a mí. Me lo pasó por la cabeza, quedando colgado en mi pecho, aunque me quedaba un poco grande.
-
Es muy importante que lo lleves - Lo señaló -
Te protegerá de las malas atmósferas y te hará casi imperceptible para los fantasmas, así estarás tranquila - Sonrió -
Pero es inevitable que puedas verlos o escucharlos - Me explicó.
Volví a coger el colgante, pero no sucedió lo mismo, todo seguía exactamente igual. Me preguntaba quién era aquella persona que había visto, pero estaba más preocupada por mi abuelo, quien me había dado su colgante; el que nunca antes se quitaba. No parecía preocupado, así que lo dejé estar.
Vi a los policías ponerse en una línea, uno junto al otro, dándonos la espalda, completamente rígidos. Una mano se encontraba en la parte baja de su espalda, mientras que la otra estaba en su frente, a modo de saludo militar. Una música con el himno inundó el lugar, haciendo que se me erizara la piel. Todo el mundo estaba en completo silencio, hasta que terminaron quitándose el gorro y poniéndolo a su espalda, agarrado con las dos manos.
-
¿ Lo hacemos ya ? - Se acercó un hombre vestido de traje, como la mayoría de los presentes.
-
Adelante - Dijo Garret asintiendo una vez.
El hombre me miró y me sonrió a modo de saludo, así que hizo lo mismo. Se marchó junto al resto, justo cuando la lluvia comenzó a caer con fuerza, por suerte el paraguas nos protegía. Observé a los policías; no se movían de su posición aún que estuvieran empapándose.
-
Estaba pensando... - Garret se movió cortándome las vistas -
¿ Quieres un helado antes de volver a casa ? - Asentí acomodando el peluche bajo mi brazo -
Vamos allá, a mí también me apetece - Sonrió.
Comenzamos a caminar hacia la salida, pero no pude evitar mirar hacia atrás, viendo a Murray romper la línea y dejar dos rosas blancas sobre dos cajas de madera brillante. La lluvia no me permitía ver si realmente estaba llorando o solo era mi impresión. Miré al frente, procurando no pisar ningún charco ni resbalarme.
- Princesa... - Garret abrió la puerta de atrás con una pequeña reverencia. Me senté sobre mi silla antes de abrocharme el cinturón con algo de dificultad.
Cerró la puerta, rodeó el coche y se sentó en la parte de piloto antes de cerrar el paraguas. Miré por mi ventanilla, viendo a lo lejos a las personas reunidas bajo la lluvia. Dos personas se acercaron a las puertas, mi padre pasaba el brazo por la cintura de mi madre. Levanté levemente la mano a modo de saludo; sonrieron haciendo el mismo acto.
-
¿ Preparada ? - Lo miré a través del retrovisor.
Me giré para mirar a mis padres, pero ya no estában. Abracé al peluche antes de volver la atención a mi abuelo y asentir. Nos alejamos de aquel lugar tan solitario y lúgubre, aquel sitio al que todos llegaremos algún día y en el cual había dejado a mis padres; el cementerio.
* Aquí dejo el primer capítulo, espero que os guste y si es así, deja tú ⭐️ para que continúe
, cómo siempre, cada Viernes/Sábado.
Es un prueba para saber si os gusta, sino pensaré en otra cosa.
Os quiero. Yo más *

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