Reinas Caídas. - Alexander Seyer


Después de la tercera guerra mundial, Europa se ha divido en 7 países gobernados por mujeres. Todo parece estar bien pero un movimiento de oposición está cansado de ser esclavo de la política real y atacará a las 7 reinas que gobiernan, una a una hasta qué no quede ninguna.


Todo había sucedido muy rápido y a muy altas horas de la noche. Los guerreros del movimiento opositorio se adentraron en el palacio sin que nadie pudiera detectarlos. Eran pasadas la una de la mañana más o menos, todo el mundo dormía y los guardianes de las entradas ya habían bajado la guardia después de años y años de paz en Nueva Europa. De repente comenzó a sonar una fuerte alarma por todo el palacio. Los guardianes corrieron a la habitación real para despertar a la reina Clarisse inmediatamente. Ella se encontraba en un camisón blanco y estaba despeinada, también se hallaba muy confundida.
- ¿Qué sucede Felipe? – preguntó la reina a su jefe de guardia.
- Se han adentrado en el palacio su majestad, debemos protegerla.
- ¿Quiénes? – preguntó la reina con ojos saltones mientras se levantaba rápidamente de su cama.
- Dicen ser el movimiento opositorio. No tenemos idea de donde vienen pero no deben tener buenas intenciones, ya han matado a muchos hombres.
La reina se puso los zapatos rápidamente y corrió a la habitación de sus hijos.
- ¿Dónde está Charlie? – preguntó la reina.
- El rey se encuentra ya en la fortaleza su majestad. Espera por usted y por los niños.
La reina se apresuró a levantar a sus hijos de sus camas.
- Susie, Carlos, debemos levantarnos mis amores, os pediré que no protesten ni se asusten. Todo saldrá bien.
Los niños se levantaron medio adormilados con sus pijamas a rayas rosas y azules. Empezaron a caminar por los pasillos del palacio cuando de repente se toparon de frente en el pasillo con una estampida de hombres y mujeres que traían lanzas, pistolas y cuchillos.
- ¡Rápido! ¡protejan la reina, Sáquenla de aquí!- ordenó Felipe.
En ese instante se escuchó el grito de la pequeña Susie. Una bala le había dado en el pecho al Jefe. Todos se devolvieron rápidamente por el pasillo intentando correr hacia los jardines del palacio. Poco a poco los guardianes fueron cayendo hasta que solo quedaron dos. Clarisse había perdido un zapato y tomaba fuertemente a los niños entre sus manos para correr.
- Reina, del otro lado del jardín está la fortaleza, una vez llegando ahí podremos protegerla- dijo uno de los dos guardias.
Los niños habían sido muy obedientes, aparte de algunos sollozos ninguno de los dos había desparramado en llanto. Una vez llegando a la entrada de los jardines uno de los guardias se comenzó a arrepentir.
- No puedo- dijo
- ¡De que hablas, es tu deber proteger a la reina! – exclamó el otro guardia el cual se llama Eras.
- No quiero morir, no quiero morir- comenzó a gritar mientras salía corriendo de vuelta a la estampida.
La reina no dijo nada, sabia que ese guardia tenia esposa e hijos y no quería dejar una viuda y unos pobres huérfanos.
- Cuando yo lo diga su alteza. Usted correrá lo mas rápido que pueda a través del jardín para llega al otro lado, al llegar busque la puerta de la fortaleza, usted sabe donde está.
De repente un disparo se escuchó desde la estampida que corría por los pasillos para encontrarlos, habían matado al guardia que había regresado.
- ¡Ahora! – gritó Eras.
Clarisse corrió por el pasto mientras Carlos y Susie intentaban seguirle el paso a su madre. Eras se había quedado atrás disparando a la turba de gente. Entonces miles de flechas empezaron a salir de algún lugar. Había vigilantes en todos lados en aquel jardín y su objetivo era la reina. De igual forma la reina siguió corriendo hasta llegar al otro lado. Una vez en el otro extremo del palacio busco la puerta de la fortaleza pero estaba cerrada, nadie la esperaba allí. Escuchó como la turba se acerca por el jardín cada vez más y ella buscó desesperadamente como proteger a sus hijos. Entraron a una habitación de servicio y la reina los metió en un armario.
- Hagan silencio, no deben escucharlos y oigan lo que oigan no vayan a abrir, recuerden que mamá los adora.
Clarisse cerró la puerta y se sentó como guardiana de sus hijos del otro lado de la puerta. Los niños obedecieron y se quedaron callados incluso cuando algunas personas entraron a la habitación.
- Por favor, no le hagan daño a mis hijos- rogó la reina.
Lo siguiente que escucharon fue un disparo y un golpe fuerte a la puerta del armario.
- ¿Ahora que hacemos? – dijo uno de los hombres.
- Retirémonos, queda un largo viaje por hacer.
Y entonces dejaron ahí a la reina tirada con un disparo en la cabeza, escoltando la puerta donde protegía a sus hijos.
La primera Reina había caído... faltaban 6.

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Autor: Alexander Seyer Etiquetas:
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