Noches: Banshee - G. Sami


Ella: una chica que perdió el rumbo hace tiempo. Siempre sola porque todos han traicionado o decepcionado, haciendo que se cerrara cada vez más en sí misma. Por eso se dedica a lo que se dedica. Porque la vida la maltrató haciendo de ella un ser sin alma. ¿Que a qué se dedica? Adéntrate en su vida y descúbrelo por ti mismo... Aunque te aseguro que no es nada agradable...

"A veces es mejor estar solo, nadie te puede herir."

Él también tiene un pasado difícil pero tras épocas oscuras ahora está en la luz.
Ambos caminos se cruzaran y quien sabe si para bien o para mal.

*CONTIENE ESCENAS SANGRIENTAS, lenguaje obsecno y contenido sexual algunas veces*

#114 de acción 1/04/2018
#167 de acción 2/09/2017
#172 de acción 28/01/2018



Como todos las novelas los primeros capítulos son de introducción pero una vez entras dentro la adicción está asegurada :)
Otra noche más, sin rumbo aparente, Emma se desplazaba con su Mustang Shellby de un color negro grisáceo que tanto le gustaba. Como todas las noches, en una mano el volante y en la otra una botella de alcohol que variaba según el día. A veces era Vodka, otras Ron,... y de más tipos y marcas que podías saber con tan sólo mirar el suelo de su coche, lleno de botellas vacías y algún que otro cigarro acabado. 
A esas horas de la noche, a Emma ya no le importaba nada, ni su salud e integridad, ni la del coche... Nada, por eso que se la podía ver siempre parada en los semáforos verdes y yendo a 150 km/h en los rojos por la ciudad. Es así como merecidamente siempre se ganaba las pitadas de muchos coches y sustos de los conductores ajenos. Es así también como empieza nuestra historia, con Emma parada en un semáforo en verde.
Otra noche más, en la calmada ciudad, un chico alto de tirabuzones negros, Aaron, se encontraba cerrando ya la tienda de pastelería que hacía esquina en la que trabaja a tiempo parcial. Como todas las noches, hacía inventario y caja, cerraba las persianas metálicas y las luces y, por último, echaba la llave a la puerta para dirigirse a la parada del bus. Pero esa noche era diferente, esa noche la calma de la ciudad se rompería. Justo cuando salía de la tienda algo captó su atención al igual que la de las pocas personas que quedaban despiertas a esas horas de la noche. Pitadas y groserías venían de unos coches que estaban en fila tras un coche de color negro grisáceo parado en un semáforo verde. Aaron se quedó quieto delante del escaparate de la tienda, estupefacto a la par que curioso ante esa situación. 
Algo cotilla y deseoso de saber que pasaba dirigió la vista al conductor del Mustang que causaba la caravana y estruendo que rompía el silencio del lugar. Una joven chica de pelo castaño claro, incluso algo rojizo era la causante, se encontraba riendo dentro del coche con el rímel corrido y con una botella de alcohol en la mano. No era la primera vez que esa chica pasaba por ahí, y cada día que lo hacía más le picaba la curiosidad a Aaron. Así que se acercó al coche a paso lento y para su sorpresa ella bajó las ventanillas, pero Aaron no tardó en darse cuenta de que no las bajaba para hablar con él, de hecho ella ni se había percatado de su presencia. La chica sacó la mano que antes estaba en el volante e hizo una peineta a todos los coches de atrás mientras sonreía amargamente, lo cual sólo enfureció más a los conductores.
-¿Qué haces? -preguntó Aaron asomándose dentro por la ventanilla sin darse cuenta.
Lo que causó que la chica se diera cuenta de que él estaba allí y deslizó su mano rápidamente por su mejilla en un intento de secar alguna que otra lágrima.
-¿No es obvio? -preguntó ella encendiéndose un cigarro sin mirarle.
-A mí me parece que quieres matarte o algo -dijo él.
Ella sonrió amarga de nuevo, dio una calada al cigarro y dijo:
-A lo mejor, no es tan obvio... -movió la cabeza con los ojos cerrados sintiendo la música que llevaba en la radio y continuó -y de todos modos, que más le da a nadie si me quiero matar.
Seguidamente se puso el semáforo en naranja y rápidamente en rojo y la chica salió disparada de allí saltándose todos los semáforos que venían, causando que algún que otro coche frenara en seco.

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