Memorias Olvidadas © - ⛧bᥣᥲᥴk ᥱყᥱs⛧


Elisa Dracrario es un vampiro con sed de verdad, su vida se a basado en una mentira muy bien contada. Se tendrá que enfrentar a muchas adversidades para ser libre, pero ella no está sola, su hermano y su mejor amiga caminan a su lado.
«Dolor, traición y sangre»
Es lo que ella encontrará si sigue buscando preguntas sin respuestas. Habrán nuevos amigos que la ayudarán y le darán su mano para que no caiga, y otros que querrán su cabeza en bandeja de oro y diamantes. Deberá aprender de sus errores si quiere que sus amigos no sufran, tendrá que sacrificar y perder cosas que ama para que sus seres queridos sean felices.
Su propia especie le dará la espalda, pero, Elisa les demostrará que es una chica fuerte con el coraje suficiente como para enfrentar los.


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La historia es totalmente de mi autoría, no aceptaré copias o adaptaciones.

La portada y las imágenes aquí mostradas son hechas por mi.


Era una mañana con un frío sepulcral, pero bueno no hay queja de él, muy al contrario de los humanos los vampiros no llegan a sentir esa frialdad. En este lugar tan frío era muy extraño notar el calor, esto propiciaba que un vampiro se sintiera a gusto, porque, aunque no lo creas no mueren con el sol, solo los debilita. Muy por el contrario de lo que debían estar pensando, no necesitan una gran cantidad de sangre para vivir, tal vez dos o tres vasos cada semana o menos.
—¡¡Elisa, baja de tú habitación ahora mismo!! —grito Liliana desde la sala de estar sacando a Elisa de sus pensamientos
—¡¡Ya voy, dame un minuto!! —respondió la joven mientras terminaba de ponerse sus zapatos de plataforma
Elisa bajó del sótano el cual vendría siendo su recámara, ella no tenía una habitación en su propia casa. «No tenemos dinero para otra habitación en esta casa Elisa» o eso era lo que siempre decía su madre y su padre cuando ella pedía un lugar que no fuera ese.
—¿Se puede saber qué estabas haciendo, Liz? —inquirió Liliana, la cual la miraba con enojo desde un sillón individual— Te lo he dicho muchas veces, tienes que ser puntual con tus labores aquí
—Estaba ordenando mi habitación —contestó Elisa mientras buscaba los implementos de limpieza— Lo sé madre, no volverá a ocurrir
—Vaya que bien que ya te hayas acostumbrado a hacer la limpieza —comentó Liliana sentada en uno de los sillones de la sala— Si por ti fuera serías una niña holgazana siempre
A Elisa los comentarios de su madre no le importaban, al contrario, parecía como si no la escuchara. La joven miró a su madre mientras llevaba en sus manos una escoba y un trapo húmedo.
—Maldito parasito —susurró para que nadie la escuchase
Ella tomó la escoba y empezó a limpiar, el primer lugar al que iría sería a la habitación de su hermano. Él varón estaba en el baño posiblemente peinándose su largo cabello castaño
—Hola piojo —inquirió Héctor. Él hermano de Elisa—¿Te ayudo en algo?
—Si ayúdame un poco, hermano, por favor —contestó ella dándole el trapo—puedes mover tú mesa de noche y limpiar allí
—Solo hago esto porque se trata de ti —comentó Héctor con una sonrisa en su rostro
Héctor siempre será el hermanito de Elisa, él solo tiene ciento diez años y eso lo hace mucho más joven que su hermana. Sin embargo, esto no quiere decir que sea alguien ingenuo, al contrario; él sabe diferenciar muy bien entre una mentira y la verdad.
—¿Dime cuánto dinero ya has ahorrado, Liz? —preguntó él limpiando el polvo con el trapo mientras yo barría
—Solamente tengo mil dólares ahorrados —respondió ella con desdén— Y sabes que esa cantidad no alcanza para mucho
—Tienes razón, pero algo es algo ¿No lo crees? —comentó Héctor mientras acomodaba su cama— lo importante es que tienes algo con lo que puedas vivir, si es que Liliana no te hecha antes de la casa
Él vampiro tenía razón, Liliana y Elisa no se llevaban muy bien que digamos, ella trataba a Elisa como su sirvienta personal más que como su hija. Obviamente la joven vampiresa no dejaba que eso pasara, no le daría el placer de humillarla tan fácilmente. Desde que Elisa tiene conciencia se lo a reprochado a su madre, pero Liliana le contestaba que ella no tenía derecho alguno a quejarse.
—Liz más vale que vayas a limpiar la habitación de nuestros padres o Liliana se enojara contigo —comentó Héctor tomando la escoba— Ve y limpia allá, que yo limpio los demás lugares que faltan

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