La Chica Del Cabello De Fuego - Sler


Ella es una Ignis: una clase de magos perseguidos por la muerte, condenados a morir.

No tardará mucho para que se le presenten los poderes y, de paso, las aventuras, el peligro, los problemas, la verdad, ¿el amor?

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Historia registrada en Safe Creative.



*
Narra
Evelyn
*
Le cierro los ojos.
Corro hacia la cabaña de mi abuela arrastrando el cuerpo casi sin vida por el suelo del bosque.
Se le desgarra la camiseta y me detengo, sin saber muy bien cómo llevarlo.
Decido apoyar al chico en mi espalda. Sujeto sus brazos pasándolos por encima de mis hombros e intento avanzar lo más rápido posible.
Doy unos pasos y me tiemblan las piernas.
Noto su sangre humedeciendo mi espalda y siento un escalofrío.
Por enésima vez pienso en dejarlo aquí e irme a mi casa a comer... Pero me niego a dejarlo a su suerte y hago un último esfuerzo.
-¡Abuela, ven! -grito desde el tercer y último escalón que me falta para estar frente a la puerta-. ¡Ayuda!
Sin mucho cuidado, dejo al joven en el suelo.
Apoyo mi oído en su pecho izquierdo para asegurarme de que todavía queda una luz de esperanza.
Pum, pum... Pum, pum...
Oigo los suaves y casi imperceptibles latidos de su corazón. Sigue vivo.
-Aguanta -intento tapar su herida sangrante con mis manos-. Lo siento.
La puerta se abre. Flotando, mi abuela se coloca junto a mí, sentada en el suelo.
-Evelyn, tranquilízate -me seca las lágrimas-. Cuéntame qué ha pasado.
Mi abuela no pierde nunca los nervios. Siempre está tranquila, pase lo que pase.
Adivino que, al haber vivido tanto y haber pasado por tantas cosas, nada la sorprende ya.
-Estaba en el bosque. Pensé que era... algún animal, y le di de lleno con una de mis flechas. En el corazón, estoy segura. No sé cómo puede seguir vivo.
-¿Has olvidado que soy La Sanadora? -me sonríe-. Todo saldrá bien, tranquila.
Mucha gente la conoce como La Sanadora. Adoptó ese nombre porque cura a los heridos... siempre.
Dicen que hace milagros, pero es más bien magia.
Poca gente conoce su nombre real: Catalina.
-No te preocupes, cielo -me dice mi abuela tras examinar al muchacho-. No creo que le hayas dado en el corazón, pero sí cerca.
Pone su mano en la herida y, de la nada, aparece una cálida luz que desciende de sus brazos hasta llegar al chico inconsciente. Cuando se aparta, veo que ha dejado de sangrar.
-Voy a dejarle dormido en un sueño curativo. Se despertará dentro de unos días. Esperemos que para entonces esté como nuevo.
-Muchas gracias, abuela -suspiro-. Eres increíble.
-Este hechizo consume mucha energía a quien lo realiza porque se lo transmite al herido, así que es normal que uno se sienta cansado tras realizarlo.
Asiento y tomo nota mentalmente. Lo tendré en cuenta para cuando me lleguen los poderes, dentro de poco.
Miro al desconocido.
Ahogo una exclamación de sorpresa al ver que las heridas que le causé arrastrándole por el bosque se han curado ya.
Mi abuela parece haberse dado cuenta de lo mismo y frunce el ceño.
-Se supone que las heridas superficiales se sanan en unas horas -dice La Sanadora-. No en pocos segundos.
-Y no eran simples heridas superficiales los que tenía en el cuerpo... La del pecho era mortal y, sin embargo, sigue vivo.
-Está claro, no es un humano corriente -dice mi abuela-. Siento que es un licántropo.
Una chispa se enciende en mi mente. Por eso lo confundí con un animal.
Sus movimientos eran demasiados ágiles y veloces para ser las de un humano. Aunque también eran superiores que las de un animal.
-Un licántropo... tiene una capacidad de regeneración superior a la de cualquier otra criatura... -me acuerdo del párrafo de un libro.
-Exacto -afirma ella.
Con cuidado, alzo la mano y recorro con la yema de mis dedos la mejilla del joven. Antes tenía una profunda herida.
Miro a mi abuela y veo que tiene una expresión divertida en el rostro.
-¿Qué? -pregunto tajante-. Tenía una herida aquí. Le di sin querer contra una piedra mientras le arrastraba por el suelo.
Dicho en voz alta, suena horrible.
-No tienes que darme explicaciones, cielo -dice con una sonrisa-. Se lo tendrás que dar a él cuando despierte.
Con un simple gesto, lo hace levitar.
-Dejaré que descanse en el cuarto de invitados -se levanta-. ¿Vas a seguir cazando?
El rugido de mi estómago le contesta.
-Tengo que hacerlo. Necesitas energía, abuela, y no tenemos otra cosa. No me queda otra que... cazar animales.
-Gracias, Evelyn -me mira a los ojos-, sé que es horrible para ti acabar con otras vidas, aunque sea por supervivencia.
Le hago un gesto afirmativo con la cabeza y agarro el arco.
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