El Rostro Del Diablo - Marce Martínez


El diablo ama el negro y las novelas. Es tan temido como adorado. Juega y destroza aunque también construye. Mata y salva. Ayuda y sacrifica. Sonríe y engaña, caes a sus píes y destroza. Sus palabras suelen ser ley... Estos son algunos de los puntos que estaban escritos en la lista que dio un ángel a una humana; el pie de la página rezaba un reto:

«Dime en cuántas me equivoqué, tonta»




CRÓNICAS LUCIFER I.


Pasó el cepillo por su cabello una vez más, odiaba no verse presentable según sus criterios. Observó los ojos de su reflejo, el marrón pareciendo negro por la luz de la habitación, faltaba aquel brillo de las madres en espera. Inconscientemente la mano libre la llevó a su vientre acariciándolo lentamente.
Los trabajos para los ángeles cada vez se hacían más difíciles, a este paso la cantidad de ceros de su pago debía volver a aumentar, dos más en esta ocasión. Cualquier trabajo que involucrara rapemorp's¹ era sangriento y peligroso para cualquier humano y esta vez los blancos eran bebés, John en su lado más indiferente los había denominado receptores y ella estaba de acuerdo con aquél nombre luego de la explicación que le había dado Jad aunque llamarlos de esa forma se sentía cruel y creía que bebés era mejor.
Imaginó la risa cantarina de Anne y retiró la mano de su abultado vientre. Su maquillaje ya se encontraba en perfectas condiciones y su cabello arreglado. Debía dejar de atrasar los trabajos. El tiempo era sumamente importante, Beth lo sabía mas no por eso evitaba hacerlo. La esperanza de que todo se solucionara antes de que ellos intervinieran siempre estaba en ella, nunca necesitó oír de la boca de los arcángeles o de Jad que si ellos se debían meter era porque el asunto había sobrepasado la palabra "grave". Además, Jad le había explicado por qué los arcángeles solo cumplían misiones que involucraran ángeles en peligro.
-Tonta, ¿estás lista? -oyó la voz de John y apretó los labios.
Beth en su primer encuentro con John estuvo segura de que el odio a primera vista existía sino, cómo explicar la repulsión mutua que sintieron. En ocasiones Jad y Drew solían bromear a costa de sus amigos y decir que se odiaban porque eran muy parecidos en todos los aspectos; Jad diciendo que quienes se rechazan a sí mismos jamás convivirían bien con un igual mientras que Drew agradecía su mala relación ya que según él: "estos dos juntos acabarían con todo inclusive con lo que llaman estabilidad", estos comentarios eran recibidos por malas miradas hacia ellos y una de repulsión hacia quien consideraban su igual.
-Inútil, no pienso ser una embarazada fea -respondió con obviedad.
-¿No? -Beth asintió-. Entonces, te provocaré un aborto para que ya no estés embarazada -la daga en su mano izquierda solo logró más que asustar enfurecer y sorprender a Beth quien lo observaba con todo el odio que podía albergar su cuerpo.
Todos los ángeles que ella había conocido hasta ese momento tenían una habilidad espectacular en esconder armas y hacerlas aparecer en el momento justo, no notabas que John cargase ningún arma pero lo más probable era que llevase lo suficiente para poder aniquilar a media ciudad, mentira, a todos si se enfurecía lo suficiente. Los ángeles eran muy precisos y sangrientos, ya lo había aprendido en su primera misión. Un escalofrío la recorrió ante los recuerdos de los gritos y la sangre.
-Atrevete y Anne te mata por arruinar su trabajo.
-Le regalaré un kit de arte -se encogió de hombros-. Tarde o temprano me perdonará.
Beth sintió molestias en su vientre, una mueca se formó en su rostro. John se tensó. Eso fue un no seguido de otra amenaza que John por su reacción reveló que sí comprendía.
-¿No me darán armas?
Beth supo que no debió preguntar cuando John se paso la mano por el cabello negro, el movimiento siendo suave y delicado demostrando que ya se encontraba enfurecido. Había aprendido lo suficiente de él para saber que mientras más enojado y con ganas de asesinar se encontrase sus movimientos se volvían más suaves, delicados, letales.
-Llevas a Anne y Josiel -señaló el abultado vientre de Beth. Los arcángeles triplicaban las habilidades en combate de cualquier ángel promedio. John era un ángel promedio-, además irás conmigo -Beth evitó hacer el comentario de que aquello era por lo que requería de un arma-. Aunque pensándolo bien, eres tan tonta...

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Autor: Marce Martínez Etiquetas:
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