El Flechazo Perfecto - Cristina Vilallonga


Mike Jhonson, atractivo, agradable, gracioso y educado. Lauren Gray empieza la universidad con él, a los 18 años. Son vecinos y sus padres lo han decidido así, puesto que siempre se han llevado muy bien y siempre han tomado las mismas decisiones juntos.
Aunque todo parece cambiar cuando empiezan a asistir a las clases... ¿Realmente el que parece ser tu mejor amigo puede cambiar totalmente cuando llega a la universidad?
Eso está por ver.


Mi vecino, Mike Jhonson, abrió la puerta de mi habitación y nos pilló a Finn y a mí en pleno morreo.
Finn no paraba de agarrarme, le solté y nos quedamos de piedra.
-Vaya, Lauren, no sabía que tenías novio.-Dijo Mike entornando los ojos.-Más te vale ir despidiéndote de tu amiguito, porque, no se tú, pero yo voy a ir al parque con tus queridos amigos.
Me separé de Finn, le dediqué una sonrisa de suficiencia y le dije:
-Ya le has oído.
Finn era sólo un ligue, no íbamos a durar nada juntos, ya habíamos discutido mucho en estos últimos meses. Sin embargo, Mike era como un hermano mayor, somos amigos de toda la vida, él me defiende a mí, yo a él y así es como nos arreglamos. Tenemos mucha confianza entre nosotros y lo mejor está por venir: vamos a ir a la misma universidad, a la universidad de Stanford. Aún no nos lo creemos, nuestra nota media es un 9 y hemos conseguido entrar. ¿Difícil? Un tanto, pero no imposible.
Me despedí de Finn, intenté no ser muy borde al dejarle...
-Finn, de verdad que te quiero, pero es que no podemos, no debemos, no...
Pero, como siempre, Mike ya lo tuvo que estropear:
-Que te deja. Corta  contigo.-Dijo él haciendo un gesto con la mano muy gracioso. 
Me eché a reír, aunque reconozco que no era el momento.
-Lo suponía, pero de todos modos quería decirte que gracias por ser mi novia.-Dijo Finn, no se le veía nada dolido. Aparentemente, ojo, quizás sí que lo estaba.
Sonreí.
-Ya, no hay tiempo para paparuchadas.- Le espetó Mike. ¡Qué borde!
Me hubiera gustado quedarme un rato hablando con él, pero enseguida se dio la vuelta y no tuve más remedio que seguirlo.  Salimos de mi casa. 
- ¡Adiós, volved pronto! ¡Ten cuidado, hija! - Dijo mi madre desde el jardín con un café en la mano.
Le dije adiós con la mano y entorné los ojos: sabe de sobra que aquí la responsable y madura era yo y no Mike, siempre acababa borracho y tenía que llevarle a casa, aunque al menos me lo agradecía.
-Hoy se lía.- Dijo él tremendamente entusiasta y saltando.
-Me gustaría poder decir lo mismo, pero si no estoy yo cuerda, tú no llegas a casa.
Se rió. 
-Eres la mejor.
Se acercó a mí y me abrazó. Al principio fue un abrazo de costado y me quedé inmóvil. Este se separó de mí y seguimos caminando. Sentí un hormigueo en el estómago. ¿Qué había pasado?
Cuando llegamos a casa de Rachel, nos encontramos al resto de la pandilla, aunque había alguien  que no conocía.
-Lauren, esta es Fionna. Estuvimos quedando un tiempo cuando tú estabas en casa, ¿por qué no viniste? Bueno, el caso es que la conocimos en la competición de natación el otro día.
Me quedé de piedra. Sabía que había ido a la competición, estuve allí, pero en ningún momento había visto a una chica.
La tal Fionna se dirigió a mí con aires de suficiencia y miró a Mike. Le pasó la mano por la camiseta que llevaba y este la miró sonriendo. Estaba más que claro que había algo entre ellos y  me impediría estar ''bien'' con mi mejor amigo. O al menos esa era la película que me había montado.
-Hola, Fionna, soy Lauren.-Me presenté tendiéndole la mano. Puede que fuera muy cordial para el ámbito en el que estábamos, pero suficiente para que notase que no había ni habría ningún tipo de confianza entre nosotras.
Esta me miró fijamente y me denegó el saludo. Ni siquiera sacó la mano de su bolsillo. 
Empezamos bien.
-Holi, canoli.-Se rió ella mirando a Mike y volviéndome a mirar., pero claramente de manera diferente.
En serio que no entiendo porque se ríe. Nos quedamos un minuto en silencio y lo peor es que ella ni siquiera se había presentado, no me había dado la mano, cosa que considero de muy mal gusto y encima tenía la desfachatez de reírse en mi cara.
Pasé de ella y me centré en Mike. Tenía que dejar claro que la que manda aquí soy yo, que mi vecino no está disponible y que el buen rollo estaba entre nosotros y no entre ellos dos.
La tarde discurrió con normalidad, hicieron un
''pre- alcohol'' que es como la fase previa antes de acabar ebrio. Yo le llamaba así. No me uní a la fiesta y enseguida me metí en la piscina con los que estaban más normales, habían dos grupos claramente diferenciados: los populares (los que beben)  y los ''rancios'',  que se quedan al margen y no prueban nada.
Afortunadamente, mi vecino se lo estaba pasando bomba en el jacuzzi y no se daba cuenta de que ''tenía que empezar a beber''. Digo tenía porque eso era lo que había  planeado.
Me quedé en bikini, me metí con el resto (todo esto a las 12.00 de la noche) y empezamos a hacer una guerra de agua. Hubo un momento en el que había que subirse a los hombros de alguien y hacer parejas,  yo decidí unirme a Mike. Aceptó, me subí y empezamos la guerra de agua. Al principio me empezaron a tirar pelotas de estas hinchables, no paraba de caerme y nos eliminaban cada dos por tres.
Entonces, en un acto de desesperación, cogí una de las pelotas y gracias a la velocidad de Mike, conseguí eliminar a todos los que estábamos jugando. Pero, claro, no iba a ser todo tan fácil. 
Fionna se puso al lado mío, (no se ni cómo, porque estaba en el grupo de los que estaban bebiendo) y empezó a tirarme agua.
Yo le seguí el juego, aunque incómoda porque Mike no paraba de moverse.
- ¡Un segundo, un segundo, creo que voy a vo...!
Y pasó. De la boca de Fionna desprendió un olor acompañado con una gran cantidad de vómito, que fue a parar directamente a mi cara. Mike  se hundió en el agua y yo intenté no darle importancia a lo que tenía encima, aunque era imposible.
Ella se empezó a lamentar, a decir ''uy''. Era lo que me faltaba.

Descargar Libro El Flechazo Perfecto pdf Gratis Online



Autor: Cristina Vilallonga Etiquetas:
Rating